
Luisa Dolores ataviada para una función.
L. R. / Vélez
La música de orquesta tiene su cuna en Italia. Los grandes conciertos de cámara en Milán, Roma y demás enclaves incomparables del país transalpino han marcado épocas gloriosas. El afán por la música de Luisa Dolores Camacho, actual directora de la Coral ‘Amigos de la Música’, le llevó a conocer a algunos de los más grandes, como el Maestro Marco Berrini. “En febrero del año pasado lo conocí. Me gustó tanto la forma de trabajar del Maestro, que le pedí información sobre sus actividades en Italia. Una de sus anécdotas nos la cuenta. “Cuando conocí a Berrini yo no había hablado italiano jamás, sólo lo poco que había cantado en la ópera y que nada tiene que ver con el italiano que se habla hoy día en la calle”. Solución: en cinco meses realizó un curso intensivo de italiano estudiando sola en casa. Esto fue antes de marchar a Italia, hubo un momento crucial para ello. “Unos meses más tarde el Maestro volvió a Málaga para trabajar con nosotros y fue entonces cuando le pedí que me aceptara como discípula suya en Milán. Él accedió inmediatamente y me sugirió la posibilidad de cantar en su coro, el Ars Cantica Choir, una de las mejores formaciones corales profesionales de Europa. Ahora, Luisa Dolores vive a caballo entre Italia y Vélez-Málaga, donde dirige la Coral ‘Amigos de la Música’, que seguro asimila la riqueza conceptual que con el tiempo ha adquirido Luisa Dolores gracias a las experiencias que vive habitualmente con Berrini.
“En Milán mi cometido consiste en seguir al Maestro a cuantas actividades realiza, que son muchas, también lo acompaño al conservatorio donde trabaja”. El tema de la comida es un poco complicado de llevar, porque asegura que la disciplina del Maestro es espartana, “hay veces que con un ‘panino’ y un café hacemos todo el día, por lo que más de una vez me veo cenando una magdalena en el hotel o un paquete de patatas fritas, porque a esa hora ya está todo cerrado para comer. Convive en una especie de Torre de Babel, ya que interpreta junto a Italianos, húngaros, japoneses, taiwaneses, argentinos, etc. “Allí me veo hablando a veces en inglés, a veces en francés y otras en italiano. Por suerte, con los argentinos puedo descansar del esfuerzo mental que ello me supone, aunque algunas veces los italianos nos preguntan que cómo podemos entendernos entre nosotros, siendo ellos argentinos y yo española”. Desde luego, un sinfín de anécdotas trufan la experiencia italiana de Luisa Dolores Camacho, que a su vez tiene la posibilidad única de codearse con los más grandes de la ópera.
En Italia es una más entre sus compañeros, tiene su vida hecha allí, pero a veces se hace la siguiente pregunta: “¿Quién me lo iba a decir a los seis años, cuando comencé a recibir clases de piano de Delia González?”. Esta mujer, a la que Luisa tiene gran cariño, vivía en la calle Cruz Verde, “justo enfrente de la casa de mis padres”. En su carrera tiene mucho que ver Delia, porque “ella me enseñó las primeras nociones de solfeo y de este instrumento, lo que me ayudó a entrar más tarde en el conservatorio para realizar mis estudios oficiales.
En la infancia de Luisa aparece en primera plana el colegio José Luís Villar Palasí (Zona Norte), “en el que tuve por maestros a personas inolvidables como Ricardo, Pedro, Pablo…”. Puntualiza sobre Pedro: “Nos hizo sudar mucho en francés, pero cuanto se lo agradezco ahora”. No se nos olviden sus amigos: Mª José Burgos, Inma Puertas, Candi Martín, Antonio Zapata… “¡que recuerdos!”, añora. Después fue al Reyes Católicos, “por la noche, porque durante el día tenía las clases del conservatorio”. Reconoce la intensidad que vivía día a día, aunque de vez en cuando “me hacía alguna escapadita a El Copo, como todo el mundo”.
Su nombre está asociado a las corales veleñas, y no sólo a ‘Amigos de la Música’, sino a ‘Stella Maris’. “En el conservatorio conocí al queridísimo Pepe Hidalgo, el cual me brindó la oportunidad de cantar”. Ella es una de las creadoras de ‘Amigos de la Música’. “Algunos decidimos crear la coral. Me vi con veintiún añitos, de directora de una coral formada por ochenta y cuatro personas, la mayor parte de ellas bastante mayores que yo. Eso curte, da tablas y te obliga a aprender a marchas forzadas”. Quiere muchísimo a sus alumnos de la Coral ‘Amigos de la Música’.