El gran politólogo Manolo Rincón consiguió, en la última sesión plenaria ordinaria en Vélez, definir lo que era un político con una clarividencia propia de las grandes mentes. Para Manolo Rincón, un político, ya lo saben ustedes, no es otra cosa que una persona con un grupo de asesores o técnicos. A partir de ahí se plantean numerosas cuestiones. Una de ellas es si estos asesores deben asesorar bien o vale cualquiera. Todo parece indicar, según Rincón, que el que tenga buenos asesores será un buen político y a la inversa. Claro, siguiendo con esto, pues podemos pensar para qué se presentan los políticos a las elecciones si los que se tenían que presentar son los asesores. Todo esto viene a cuento porque nos han contado, perdón por la redundancia, que Delgado Bonilla está muy, pero muy cabreado con el niño Boza. Paco quiere dar la imagen de hombre sensato, comedido y que hace una oposición fuerte y quiere que sea Salvador Marín el que pierde los nervios en las sesiones plenarias. Pero los otros días el niño Boza se dio un pasón de tres pueblos con Javier Checa y, después, en lugar de enmendarla siguió con el lío hasta que terminó expulsado. Cuando terminó Bonilla le echó un puteo de campeonato al niño Boza. Le dijo, entre otras cosas, que se había cargado el Pleno. De vez en cuando le echaba una miradita a Conchi Labao. Seguramente entendería lo que le quería decir.