Que la política ha perdido fuelle entre la ciudadanía es un hecho constatable, tal y como ha demostrado, hace algunas semanas, una encuesta elaborada por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y en la que los españoles señalaban a la clase política como uno de sus principales desvelos y preocupaciones.
Los debates políticos dejan mucho que desear. Lejos están aquellos enfrentamientos parlamentarios de hace décadas donde alguien podía decir frases inteligentes, como ésta: “El lenguaje existe, señoría, para que en lugar de llamarle a usted cabrón por ser de Cabra, le llamen egabrense”. Una argumentación simple y deliciosa. Ahora, sin embargo, impera el odio, el enfrentamiento, el insulto y la descalificación.
Otro hecho a destacar es que en este país no dimite nadie. Los políticos se afanan por mantener su puesto, a pesar de que hayan perdido toda su credibilidad. Zapatero es uno de ellos. Pero hay muchos más casos, sobre todo a nivel local y comarcal. No pondremos ningún ejemplo. Ellos mismos saben quiénes son. La política, como el Vélez C.F. (permítannos el dislate de símil), no pasa por un buen momento.
Por último, es escandalosamente grave lo que los políticos dicen y lo que después hacen. Si no, observen ustedes las noticias diarias y lo que después ocurre. ¡Tenemos tantos ejemplos! Reflexionemos todos.